Plumas y pullas (LV)





“Ávido lector de periódicos, le costó renunciar a esos museos de minucias efímeras”.

Jorge Luis Borges
“Avelino Arredondo”
El libro de arena


“Por lo visto, los periódicos no son capaces de distinguir un accidente de bicicleta del hundimiento de una civilización”.

George Bernard Shaw


“Un texto para un periódico es un texto al cual, de común acuerdo, se le ha otorgado un día de vida”.

Edmond Jabès



“Las cosas, los periódicos, la noticia, además de su rostro tipográfico, tienen una cara secreta, el envés […] Es la otra cara de la realidad, la sustancia de la noticia, lo que queda, la salvación de los periódicos cuando los periódicos, una vez hojeados, entran para siempre y escarmientan en el ¿merecido? territorio del olvido”.

Álvaro Cunqueiro


Foto de Margaret Bourke-White.  Un mozo deja los periódicos del día en el vagón del presidente Franklin D. Roosevelt (1938).

Plumas y pullas (LIV)


 

"Y el olor de las pilas de periódicos [...], ese olor era ahora muy perceptible, un olor a moho que se notaba especialmente los días de lluvia o humedad".

E. L. Doctorow


"¡Y pensar, amigo mío periodista, que estos nuestros escritos volátiles irán, como las hojas secas en otoño, a pudrirse, olvidados en el suelo del bosque! […] Mas no se acongoje. Hoy los grandes escritores tienen que hacerse periodistas. Ante todo por una razón económica que no he de encarecerle. […] Este ejercicio, a mi modo, del periodismo –o ensayismo periódico– podrá haberme desviado de otra actividad, pero ¡me ha emancipado de tantas cosas...! […] ¡Libertan tanto ciertas servidumbres…!! […] Hagamos pues periodismo, pero con toda el alma”.

 

 “Al periódico se le moteja de superficial, en cuanto a la serena meditación de los hechos, por esa vigencia de un día o de unas horas; ese vivir efímero como el de ciertos insectos que mueren apenas ven la luz; pero en la trepidante vida de sus ediciones –centellas que se extinguen– está su condición de instantáneas que recoge una cámara maravillosa en el punto mismo en que la actualidad se deja sorprender”.

Clemente Cimorra



“El periodista es una máquina fotográfica; una instantánea frente al dibujo a lápiz o al óleo minucioso del literato.
Yo amo al periodismo porque es ligero y efímero como el mes de mayo, porque escribe en hojas que se marchitan y se lleva el aire, porque tiene un perfume de oportunidad que se evapora en una hora, porque de martes a miércoles una crónica pierde fragancia o se puede morir y, en cambio, encajada en su día exacto (como en un tiesto) se refresca con ese rocío que no conocieron los escritores antiguos y que se llama actualidad”.




“El 'artículo' en España es un género literario que los historiadores de la literatura se niegan a reconocer (hasta que se publica en libro), no sé si con razón o sin ella [...]. Los mismos articulistas han hecho un melancólico lugar común de pensar que sus artículos pasan, como las hojas, mientras los libros permanecen, como los árboles (como los árboles que no se convierten en libros). Basta visitar la hemeroteca y una librería de viejo para comprobar lo falso de tal manera de ver. Un periódico (de alguna importancia) se conserva. La colección secular de un gran diario es un monumento. En cambio, la mayoría de los libros se piere o va a parar a la fosa común de las librerías de lance; no es recogida por las bibliotecas, salvo en algún depósito oficial, sobre todo los de literatura supuesta de imaginación y los libros de ésta que se recogen no son más leídos o consultados que las colecciones de los periódicos".
 
Corpus Barga
Los pasos contados. I.
Mi familia. El mundo de mi infancia


“La superstición de las páginas encuadernadas […]. El periódico es efímero –se dice– mientras que el libro permanece. Los articulistas han insistido melancólicamente en ese tópico. No estoy yo muy convencida de que las hojas sueltas de los periódicos, que simbolizan lo efímero casi tanto como la rosa, lo sean mucho más que las cosidas y encuadernadas de los libros que, en su mayoría, son también, parafraseando a los poetas barrocos, pompa y alegría de un solo momento para dormir luego en la noche fría del olvido. Los escritores solían, y suelen, recoger posteriormente sus colaboraciones periodísticas en libros, seguramente para sacarles un rendimiento económico suplementario, pero también creyendo que así desafían mejor al olvido. Vana ilusión. He comprobado que, excepto en el caso de los muy famosos, es frecuentemente más fácil localizar sus artículos en las hemerotecas que sus libros en las bibliotecas”.

Mª Cruz Seoane
“La literatura en la Hemeroteca”

Plumas y pullas (LIII)



“En una de sus visitas a esta Salamanca encontré a mi buen amigo el pintor Sorolla muy alzaprimado porque en el hotel en que paraba –y pasaba por el mejor– habían servido al retrete con papel de periódico. ‘Esto es una vergüenza –gritaba más que decía–; es propio de un país de…’. ‘De analfabetos’, le interrumpí por calmarle. Y él: ‘No, ¡de cochinos!’. Estimaba sucio y anti-higiénico el uso ‘a posteriori’ –o sea a trasera– de papel impreso con tinta de imprenta. Y he conocido también uno de esos hombres […] que se horrorizaba de ese uso de la Prensa, pues que su madre lo proscribía, ya que en la ‘buena Prensa’ –única que en su casa entraba– venían casi a diario los santos nombres, amén de las cruces en las esquelas de defunción. Y, sin ser ni como el uno ni como el otro, conozco sujeto, muy aprensivo, que sostiene que el tal uso de la Prensa ‘a posteriori’ es muy perjudicial para los que, como él, padecen almorranas, pues las irrita, dice. Y he pensado si es que no hay una especie de almorranas cerebrales –o acaso intelectuales– a las que irrita la Prensa que entra por los ojos. El número de los que sufren de esclerosis mental –que acaba en dementalidad–, con sus consiguientes embolias ideales, es legión entre los que se dan a debates políticos y religiosos".

Miguel de Unamuno
 Ahora, 20 de julio de 1934

Fotografía de Robert W. Kelley. Bobinas de papel (1955). 

Plumas y pullas (LII)




“Para conseguir un buen artículo hay que quemar un ensayo, un soneto y una noticia”.

Francisco Umbral
Retrato de un joven malvado


“[…] escribir un libro es precisamente el fruto prohibido para un periodista atareado […]. La experiencia enseña al periodista atareado que todas las ideas que no caben en uno o dos artículos se quedan sin decir. Los periodistas somos cabras que nos nutrimos de los brotes jóvenes del alma. Y es por eso que en nuestras cumbres yermas sólo de raro en raro se levanta la cimera de un árbol”.

Ramiro de Maeztu
“Larra y su tiempo”


“¿Tanto le importa lo que escribe? […]. Pero si somos sólo vendedores de palabras y vivimos de nuestro comercio. Cuando quiera escribir una obra grande y bella, un libro en fin, puede plasmar en él sus pensamientos, su alma, encariñarse con él y defenderlo; pero los artículos, que hoy se escriben y mañana se olvidan, no valen a mi juicio más que el dinero que se paga por ellos. Si da importancia a semejantes estupideces, acabará santiguándose e invocando al Espíritu Santo cuando tenga que escribir un folleto”.

Honoré de Balzac
Las ilusiones perdidas


“Este es el sueño, algo que quede, el ideal, la gloria del literato; y por desgracia, el desconsuelo del periodista. Los libros van a las bibliotecas; los periódicos a las tiendas de ultramarinos. Transfórmanse en cucuruchos las más ingeniosas improvisaciones del redactor de hojas públicas y luego van al montón de la calle, al cesto del rapero y al cementerio de los harapos: todo apenas en veinticuatro horas”.

Isidoro Fernández Flórez


“El periodismo tiene los fueros y la grandeza de la Historia: no es el más insigne periodista el que escribe mejor, sino el que comprende y maneja mayor número de postulados intelectuales. Por eso Flaubert, el puro asceta de la frase, que en su locura por la letra impresa llegó a decir que el mundo no tenía otra razón de ser que la de dar lugar a la producción de un buen libro, no comprendió nunca el periodismo, del que censuraba la rapidez de su prosa, y la ligereza forzadas de sus juicios. '¡Yo siento –dijo– una repugnancia profunda por el periódico; quiero decir, por lo efímero, lo pasajero; lo que tiene importancia hoy dejará de tenerla mañana’.”

Alejandro Sawa
“El cuarto poder”


“No alimentéis vuestro espíritu del periódico fresco, sino del libro seco”.

Juan Ramón Jiménez


“El verdadero periodismo está en los libros ahora que los periódicos han renunciado a la profundidad y a la extensión”. 



Foto de Marie Hansen. La periodista Elisabeth May Craig, haciendo alpinismo en su biblioteca (1945).

Plumas y pullas (LI)




"El Socialista comentaba [...]:
'¡Ah, si los periodistas dejasen a un lado ridículas preocupaciones y se uniesen con los tipógrafos en asociación de resistencia, imitando la conducta de los marinos!... Entonces se evitarían muchos atropellos'.
Yo creo que no se llegará a hacer, por lo menos en nuestros tiempos, lo que El Socialista propone. Es preciso que para ello se modifique la psicología del periodista. Quizás el periodista futuro sea así. Hoy, eso no es más que un imposible".

Wenceslao Fernández-Flórez
"Nosotros"
ABC, 30 de junio de 1916


Fotografía de Bill Eppridge. Rueda de prensa en Hollywood (1972).

Plumas y pullas (L)



“El periodismo ha transformado la literatura. […] Antes un trabajo literario se meditaba y se escribía en el fondo de un gabinete. No llegaban allí ni las voces de los vendedores de Últimas Horas, ni el incesante vaivén de la vida política, parlamentaria y social. El literato se retiraba del mundo y se rodeaba de silencio como quien quiere rezar. La literatura, en efecto, era un misterio: una religión. Así, pues, el estilo del escritor aparecía con el reposo y majestad de su revuelta biblioteca y de cuanto le rodeaba. Su estilo era sobrio, limado, artístico: correcto de pensamiento y de forma. Como si fuesen de oro, así resplandecían las páginas de su libro.
¡Grata ocupación es para un artista engendrar un pensamiento, acariciarlo, depurarlo, engarzarlo en una frase o en un período de exquisita cinceladura; y levantar la pluma, mirarlo escrito, admirarlo y recrearse en él!
Hoy es otra cosa. […]
Todos los escritores que han tenido ambición y todos los que no han sido bastante ricos para poder dedicarse a literatos se han hecho periodistas. […]
El gabinete de estos escritores está desierto. […] A su casa vienen a ponerse la levita o el frac para ir a los círculos, a los teatros y a las reuniones en busca de asuntos para el número del día siguiente.
Cuando salen de estos centros y entran en la redacción, todo está preparado para recibirlos; todo les espera; todo les estimula a empezar y concluir; todo les hostiga. La gran mesa central o las mesas particulares con sus colgantes lámparas de petróleo; las intactas cuartillas; las plumas de acero, hechas uñas de un pobre mango de madera… El director les dice: –Haga usted una columna. El regente: –Deme usted cuartillas. Los dos: –¡Piense usted al vapor! ¡Escriba usted deprisa!
Los compañeros le interrumpen en su trabajo para consultarle una duda; para preguntarle una fecha; para que tercie en una disputa. Él escribe y llena el papel. […] ¡Qué cansancio, Dios mío, algunas veces cuando la inspiración niega sus alas fáciles al pensamiento! ¡Un mozo de cordel que ha subido un fardo a un quinto piso no suda más que el pobre escritor obligado a llevar la pluma con la velocidad del tic tac del terrible reloj que tiene delante! […]
Frecuentemente, después de concluido el artículo, el regente de la imprenta dice que sobre composición… Hay exceso de original; hay que suprimir algo de lo escrito y compuesto para el diario: No se debe quitar el folletín: ¡Lo esperan con tanta ansiedad las mujeres! Ni noticias: ¡Son tan interesantes! Ni anuncios: ¿De qué viviría, entonces el periódico?... ¡Aquí están las pruebas! Dice el director al redactor literario. Suprima usted de un artículo media columna… Este es el caso mejor; porque otras veces, después de haber agotado el infeliz su ingenio en dilatar un artículo, le dicen, también: –¡Añada usted sesenta líneas todavía!..."

Isidoro Fernández Flórez


"[...] leer y escribir a toda presión es cosa de periodistas como de ningún intelectual".
Manuel Graña
La escuela de periodismo. Programas y métodos


"Una vez, mientras estaba sufriendo con una historia, temiendo que no llegaría a entregarla a tiempo, oí que un reportero veterano me gritaba desde el otro lado de la sala: '¡Vamos, chaval, termina ya! No estás escribiendo para la posteridad, ya sabes'. Pero yo no lo sabía. Continuamente entregaba las historias tarde porque todo el tiempo estaba reescribiéndolas, con la creencia de que lo que escribía quedaría preservado para siemppre en microfilm, en los archivos del eterno periódico de los Ochs. Me veía como un monje que iluminaba el Libro de Kells, como un orgulloso escribano que esperaba que su pulida prosa dejara una impresión duradera".

Gay Talese
Vida de un escritor


“A finales de 1984, Enrique Arias Vega, que entonces era el director de El Periódico de Catalunya, me llamó y me ofreció escribir un artículo diario. Le advertí que no me sentía muy capaz, pues […] yo soy algo lenta y suelen ocurrírseme las frases adecuadas al cabo de seis meses del suceso. […]
Pero Arias Vega me replicó que no siempre en la vida hay que ir de corredora de fondo, que a veces convenía meterse a sprinter. Para mí era como escribir con el trasero al aire, no había tiempo para la corrección, para “rumiar” las palabras con la parsimonia de una vaca. […] Y pronto descubrí que no es tan malo escribir bajo presión, aunque al principio sudaba las frases y las palabras […] Sí, escribir bajo presión no es tan malo, porque nos obliga a mantener siempre las antenas en alto, evitando lo obvio y buscando lo oculto de cada historia, de cada noticia, y hacerlo surgir a las aguas que se ven, que fluyen sin que nos demos cuenta de que fluyen”.

Montserrat Roig
Melindros


“Es una infamia afirmar –como dijo alguien– que cuando el periodista tiene tiempo escribe peor. Cuando el periodista tiene tiempo se da cuenta de lo que significa ser periodista y suele pedirle a su director que lo envíe de corresponsal a Londres”.

Arturo San Agustín

Foto de Marie Hansen (1944).
 

Plumas y pullas (XLIX)




“Recibo luego a una señorita alemana que, asistida de un taquígrafo, me hace una interview. […] Me pregunta una porción de simplezas; yo le contesto cualquier cosa, y se va muy contenta”.

Manuel Azaña
 

“Toda persona entrevistada acaba reducida a los límites mentales de su entrevistador”.
Salvador Pániker


“De cada entrevista sale un hombre diferente, y ésa es una de las razones de que no me gusten. La descripción física hizo de mí aquel periodista resulta irreconocible para cualquiera que me conozca. Dice que soy pequeño. Vestido de calle, me falta sólo una pulgada para medir uno ochenta. Mi nariz no es afilada, sino aplastada, como consecuencia de intentar un placaje cuando el otro pateaba el balón. Comparada con una nariz inglesa, ni siquiera podría llamársela prominente. ¿Pelo fino como virutas de acero? Tonterías; es lacio. ¿Y lo de que camino al trotecillo, inclinado hacia delante? ‘Chandler irrumpió en el salón trotando alegremente, consumió rápidamente tren gimlets dobles, y se cayó de morros, con su pelo fino como virutas de acero ondulándose graciosamente sobre los dibujos de la alfombra…’
Por supuesto, no es que me queje. Las entrevistas son siempre así. A veces pienso que las únicas buenas son las que se hacen a entrevistados entrenados, gente que ha desarrollado una pose concreta para mostrarse al público y que la utilizan sin apenas variaciones. Lo que ofrecen es una actuación”.

Raymond Chandler
Carta a Roger Machell, 15 de marzo de 1953


“As entrevistas fannas os entrevistados, para ben e para mal”.

Jaureguizar


“Mi propósito era hacer hablar en estas columnas a Julio Camba; que dijera, burla burlando, esas regocijantes cosas con que salpica sus diálogos en la charla con sus amigos […]. Imposible. Siente un profundo horror por esta forma de información periodística. ‘¿Quieres hablar de mí? –dice; pues habla; ya me conoces. ¿O qué quieres? ¿Qué te llene yo veinte cuartillas que luego has de firmar tú? No…’”.

Emilio Palomo


“Este periodismo ha inventado, entre otras cosas absurdas, la interviú, que no es más que una forma de evitar, con palabras ajenas, la propia vaciedad periodística”.

Josep Pla


"Si me hiciera esta entrevista por correo electrónico no podría saber si soy yo quien contesta".

Geoffrey Colvin, entrevistado por Margarita Rivière


“Todavía a la salida del teatro hay periodistas que me preguntan simplezas, en virtud de lo que ellos llaman ‘información’. Les contesto del modo más desabrido que sé, y nos volvemos a casa”.

Manuel Azaña



Plumas y pullas (XLVIII)


“Los periódicos deberían hacerlos en pergamino. Saldríamos ganando todos, lo mismo que si se pudiera volver a retar en duelo a los periodistas, y no duelos a primera sangre, no, duelos a muerte”.

Andrés Trapiello
“El arca de las palabras”


“Había empezado a llover y se oyó algún trueno. Pittaluga desinfectó las puntas romas de los sables y el juez dijo que al grito de ¡en guardia!, debían quedarse quietos, al de ¡avancen! debía empezar el combate, y al de ¡alto!, parar en seco por su honor. Se situaron de manera que puestos los sables horizontalmente quedaba medio metro entre las puntas. Se oyó la primera voz y [Nicolás María de] Urgoiti se colocó como acababa de aprender, en guardia alta. A la voz de ¡avancen, caballeros!, sin encomendarse a Dios ni al diablo y recordando su única lección, dio un golpe hacia el sable contrario y se lanzó impetuosamente tirando golpes a la cabeza de [Miguel] Moya. Al mismo tiempo, comenzó a recibirlos él también en la cabeza y en los hombros, pues había abandonado la guardia; fueron golpes numerosos pero con escasa fuerza, y enseguida se encontró tocando con el cuerpo de Moya, momento en el que el juez, dando el grito de ¡alto! se lanzó en medio de los contendientes con sus dos sables, separándolos.
Urgoiti se detuvo. No sólo no había retrocedido, sino que había avanzado. Estaba satisfecho de sí mismo. Volvió a su sitio y quiso intervenir el médico, pero le dijo que no hacía falta porque no tenía nada. Los padrinos deliberaron y dieron por terminado el lance. Invitaron a los contendientes a reconciliarse, cosa que Urgoiti hizo con mucho gusto. Ambos empezaron a charlar, recordando el viaje de San Sebastián a Madrid en el que se conocieron. Urgoiti preguntó a Moya por la salud de su padre, y se interesó por si le había hecho algo. Moya le confesó que esperaba no tener que verse otra vez con él, y Urgoiti no pudo por menos de excusar su ímpetu ya que, al no saber esgrima, sólo le cabía atacar sin defenderse”.

Mercedes Cabrera
La industria, la prensa y la política.
Nicolás María de Urgoiti (1869-1951)



Plumas y pullas (XLVII)



“No soy de los que leen el periódico cuando comienza el día. Como ya se leyó el de ayer o el de hace unas fechas, y así durante algunos años, se concluye por hacerse a la idea que se hacía Chateaubriand, cuando escribía: ‘¿Hay hoy alguna cosa, a fin de cuentas, por la que se querría uno levantar de la cama? Se duerme uno con el ruido de los reinos caídos cada noche, y que se barren cada mañana ante su puerta’”.

José Jiménez Lozano
Los cuadernos de letra pequeña

Foto de Alfred Eisenstaedt: Desayuno y periódicos en la hermandad Kappa Alpha Theta de la Universidad de Kansas (1939).  

Plumas y pullas (XLVI)



“El periódico atrasado que sirve de fondo a un cajón guarda en conserva un antiguo día y leemos sus noticias como si fueran noticias que hubiésemos ahorrado”. 

Ramón Gómez de la Serna


“Y si me añades que no puede ser de ventaja alguna el ir atrasados con respecto a los demás, te diré que lo que no se conoce no se desea ni echa menos; así suele el que va atrasado creer que va adelantado, que tal es el orgullo de los hombres, que nos pone a todos una venda en los ojos para que no veamos ni sepamos por donde vamos, y te citaré a este propósito el caso de una buena vieja que en un pueblo, que no quiero nombrarte, ha de vivir todavía, la cual vieja era de estas muy leídas de los lugares; estaba suscrita a la Gaceta, y la había de leer siempre desde la Real orden hasta el último partido vacante, de seguido, y sin pasar nunca a otra sin haber primero dado fin de la anterior. Y es el caso que vivía y leía la vieja (al uso del país) tan despacio y con tal sorna, que habiéndose ido atrasando en la lectura, se hallaba el año 29, que fue cuando yo la conocí, en las Gacetas del año 23, y nada más; hube de ir  un día a visitarla, y preguntándola qué nuevas tenía, al entrar en su cuarto, no pudo dejarme concluir; antes arrojándose en mis brazos con el mayor alborozo y soltando la Gaceta que en la mano a la sazón tenía:
-¡Ay, señor de mi alma! -me gritaba con voz mal articulada y ahogada en lágrimas y sollozos, hijos de su contento-, ¡ay, señor de mi alma! ¡Bendito sea Dios, que ya vienen los franceses, y que dentro de poco nos han de quitar esa pícara Constitución, que no es más que un desorden y una anarquía!
Y saltaba de gozo, y dábase palmadas repetidas; esto en el año 29, que me dejó pasmado de ver cuán de ilusión vivimos en este mundo, y que tanto da ir atrasado como delantado, siempre que nada veamos, ni queramos ver por delante de nosotros”.

El Pobrecito Hablador, 11 de septiembre de 1832