Superhéroe Tesla


Aun siendo nuestro imaginario científico y tecnológico pobre, incluso siéndolo en grado superlativo, resulta capaz de identificar algunos nombres, tener una idea de sus hallazgos y logros e incluso asociarlos a una imagen icónica. Nuestro conocimiento podrá ser escueto, vago o confuso y la imagen que evoquen, tal vez, estereotipada y simplificadora, pero los apellidos Curie, Darwin, Newton, Edison y Einstein no están vacíos de contenido. Son los mismos que José Manuel Sánchez Ron citó como algunos de sus “héroes” ayer en la presentación del libro Yo y la energía antes de reclamar para su autor, Nikola Tesla, un puesto junto a ellos. Tal reivindicación asumía no sólo que Tesla, tan conocido en su tiempo como su competidor Thomas Alva Edison, había sido perfectamente olvidado por el imaginario popular, también que su nombre fue borrado casi por completo de la historia que tiene, sin embargo, muy presentes a Maxwell, Faraday y al mismo Edison.

Tal y como apuntó Miguel A. Delgado, autor del ensayo que sirve de presentación a los textos de Tesla que ha traducido por Cristina Núñez Pereira, no es fácil explicar cómo se ha perdido la memoria de un hombre cuyos descubrimientos son los mismos que siguen moviendo nuestros motores y nuestro mundo; del propietario de las diecisiete patentes que pirateó Marconi para pasar a ser considerado el padre de la radio; del visionario que habló de la necesidad de una energía limpia e inagotable, de las posibilidades de la energía solar y de la que se podría obtener del viento o las mareas; del tecnocientífico obsesionado por la transmisión inalámbrica de energía; de una inteligencia capaz de diseñar, probar y corregir en su cerebro una máquina antes de llevarla a un plano; de una imaginación que no soñaba un nuevo invento, sino que estaba al servicio de una visión transformadora del mundo. Es tan cierto que Tesla fracasó estrepitosamente donde Edison tuvo éxito, en la explotación comercial del resultado de sus trabajos, como bien sabido que la historia la escriben los triunfadores y que su relato aniquila las posibilidades que su victoria arrambló. No obstante, Delgado se negó a tomar a Tesla por un perdedor: “Si la mayor gloria corresponde a aquellos que transforman el mundo, Nikola Tesla es uno de los mayores triunfadores de la ciencia y la tecnología”. Todavía no sabemos si algunas de sus ideas y proyectos son factibles, pero sí que han mostrado resistencia a envejecer como los trastos inútiles aparcados en el desván de las utopías ingenuas o de la ciencia-ficción concebida para el gusto freak: están sirviendo hoy de inspiración para los trabajos de algunos investigadores. Sánchez Ron concedió que muchas de las preocupaciones de Tesla anticiparon las que poseemos un siglo después, pero alertó sobre la falacia que supone ceder a la tentación de asumir la megalomanía que le hizo creer que vivió y habló para el futuro: “Tesla no nació fuera de su tiempo, era un hombre de su tiempo, de un tiempo que todavía toleraba a hombres excéntricos como él”.

La recuperación de Tesla ha quedado en manos del cine –David Bowie interpreta al personaje en El truco final. El prestigio, de Christopher Nolan-, del pop, del rock, del videojuego, del cómic. Los rasgos excéntricos de su carácter –revelados en anécdotas biográficas que dibujan el perfil de un personaje fascinante, que no por casualidad ha llamado la atención de escritores como Auster, Pynchon y Echenoz– y el lugar excéntrico al que fue confinado por la historia de la ciencia así lo han propiciado. La cultura pop ha hecho suyo a Nikola Tesla: el héroe olvidado por los científicos se convierte en superhéroe. Y “Superhéroe Tesla” es precisamente el título que Miguel A. Delgado ha dado al texto de presentación que abre el libro Yo y la energía, proyecto editorial con el que Turner, que ya publicó el año pasado la biografía de Tesla por Margaret Cheney, corrobora su intención de llevar al superhéroe que sobrevuela de forma casi clandestina los márgenes de la cultura a espacios más amplios.


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