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Los posos del café con gotas

Serge Gainsbourg se conforma aquí con un taza de café, porque es evidente que lo que de verdad deseaba era beberse la piel couleur café de la mujer que se cimbrea a su vera. No tardaría mucho en aparcar la contención y escandalizar al mundo, torrefactándose junto a Jane Birkin en Je t'aime, moi non plus.





Yeyé de Cádiz convirtió Color café en rumba.



Café con gotas (y XIII)


Yo te daré, te daré niña hermosa
te daré una cosa,
una cosa que yo solo sé:
¡café! ...

En la voz de La Pitusilla


Café con gotas (XII)


Un maná cafetero es el deseo de Juan Luis Guerra.
¡¡¡Ojalá que llueva café!!!




Café con gotas (XI)


Despedida flamenca de La Negra Tomasa,
por Chano Lobato.





Café con gotas (X)

Hay quien, negándose a dejarme a solas mientras me debato entre mantener mi identidad o mudarla, pone en mis manos el libro Bach. La cantata del café. La seducción de lo prohibido (Antonio Machado Libros y Fundación Scherzo, 2007), de Domingo del Campo.

Su lectura me recuerda algunos de los argumentos que me convirtieron en Lieschen y me proporciona otros nuevos para continuar en el empeño de llegar a ser digna de ese nombre. Queda zanjada la cuestión sin que, por supuesto, mengüe mi admiración, teñida de envidia cierta, hacia la Negra Tomasa. Los Manolos le rinden el penúltimo homenaje en este café con gotas.




Café con gotas (IX)

Estoy comenzando a estudiar seriamente la posibilidad de dimitir como Lieschen y convertirme en la Negra Tomasa. No se me oculta que no tengo el secreto de su bilongo, ni sé colar el café como ella... Pero acaricio la ilusión de que si persevero, quizás... Ni siquiera tendría que renunciar a las K de la cabecera. "¡Kikiribú!", grito en un ensayo delante del espejo. No sé yo… Me lo sigo pensando mientras escucho a Eddie Palmieri.






Café con gotas (VIII)

La Negra Tomasa, en una versión de
Israel López Cachao.
Suma y sigue.





Café con gotas (VII)


Los encantos de la Negra Tomasa también enamoraron a
Compay Segundo.





Café con gotas (VI)

¡Qué tendrá el café que prepara la Negra Tomasa! Estrellas de Areíto probaron su pócima y, bajo los efectos del bilongo, cantaron así.

Café con gotas (V)

Nada, que no aparece. Continúa perdido el calderito pa’ tostar un buen café… No está ni en casa de Eugenia, ni en la de Antonia… Y Compay Segundo sigue empeñado en buscarlo, ahora en compañía de su hija.







Café con gotas (IV)


“¿Dejar el café y el tabaco? Antes me escondo en un platanar”, dijo Compay Segundo. De hacer caso al rumor, continúa atrincherado en sus convicciones. Hay quien jura haberlo visto por ahí, envuelto en la fantasmal nube de humo de un habano H. Upmann y buscando el calderito extraviado para prepararse un café. No me cuesta nada creerlo.



Café con gotas (III)

Al que no lo le hizo ninguna falta embadurnarse la cara para cantar “¡Ay, Mamá Inés! ¡Ay, Mamá Inés! Todos los negros tomamos café…” fue a Ignacio Villa. Aquel cubano era negrísimo, como bien decía la ironía de su nombre artístico: Bola de Nieve. Todo el calor del Caribe y del grano de café tostado estaba en la voz de quien, con toda razón, se presentaba afirmando que él era la canción que cantaba.

Lástima que no tengamos más que el medio minuto de esta grabación, en la que se ve a Bola de Nieve ¿sentado? ante el piano y diciendo la canción con una picardía alegre, saltarina y juguetona. Derrite la más gélida insensibilidad musical y el más alicaído y tristón ánimo.



Café con gotas (II)

Con la cara bien, pero que bien tiznada, Rita Montaner se transformó en el negro calesero que cantó por vez primera aquello de "¡Ay, Mamá Inés! ¡Ay, Mamá Inés! Todos los negros tomamos café...".

Este tango-congo, compuesto por Eliseo Grenet, era una de las piezas de la zarzuela Niña Rita o La Habana en 1830 que se estrenó, bajo la dirección de Ernesto Lecuona, en septiembre de 1927 en el teatro Regina de la capital cubana.

El maquillaje no parece que resultase muy convincente. El secreto del éxito, sin duda, fue otro. Den por concedido el permiso para cantar y bailar.






Café con gotas (I)

Invito a un café, a un café con gotas. Ha sido colado en Lugo y será servido en trece pocillos. Los consumidores de este descafeinado Kaffekantate podrán disfrutar, por fin, de una genuina cantata del café con toda su cafeína.

La primera taza ha sido preparada por Eddie Palmieri (“Café”, Echando pa’lante, 1964).