Plumas y pullas (CIII)




“Me he pasado toda mi vida de reportera tirando piedrecitas a un gran lago, aunque no tengo ninguna forma de saber si alguna de ellas causó la menor conmoción. No creo preciso preocuparme por ello. Mi responsabilidad fue intentarlo”.



“Escribir y crear en el centro de la civilización y de la publicidad, como Hugo y Lherminier, es escribir. Porque la palabra escrita necesita retumbar, y como la piedra lanzada en medio del estanque, quiere llegar repetida de onda en onda hasta el confín de la superficie; necesita irradiarse, como la luz, del centro a la circunferencia. Escribir como Chateaubriand y Lamartine en la capital del mundo moderno es escribir para la humanidad; digno y noble fin de la palabra del hombre, que es dicha para ser oída. Escribir como escribimos en Madrid es tomar una apuntación, es escribir en un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Quién oye aquí?”

Mariano José de Larra
El Español, núm. 420, 25 de diciembre de 1836
 
 
Fotografía de Bob Gomel (1967). Los tipos móviles, las piedrecitas que tiran al agua los periodistas.

Plumas y pullas (CII)





“Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza.
 Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis”.

Julio Cortázar
"El diario a diario"
Historias de cronopios y de famas


Fotografía de Dmitri Kessel: Viejas planchas de impresión del New York Times, desplegadas cual alas de mariposas y dispuestas para las excitantes metamorfosis.

 

Plumas y pullas (CI)




“Botánica. El energumenismo periodístico, de raíz ultramontana y tendencia trepadora, no precisa riego de intensidad intelectual, da flores a porrillo y por eso aparece en el mercado a precio de saldo, antes de que se marchiten sus invectivas”.

María Vela Zanetti
“Cooltuits”
Yo Dona, 31 de marzo de 2012

Plumas y pullas (C)




“[…] los periodistas, mala y diabólica ralea, nacida para extender por el mundo la ligereza, la vanidad y el falso saber, para agitar estérilmente y consumir y entontecer a los pueblos, para halagar la pereza y privar a las gentes del racional y libre uso de sus facultades discursivas, para levantar del polvo y servir de escabel a osadas medianías y espíritus de fango, dignos de remover tal cloaca”.

Marcelino Menéndez Pelayo
Historia de los heterodoxos españoles


“Periódicos.- Evacuación fétida y asquerosa precedida de comunicación pecaminosa con personas infectas de gálico: hay evacuaciones diarias, semanarias, menstruas y sin regla”.

Justo Pastor Pérez

Plumas y pullas (XCIX)





“Un periódico-píldora: uno lo ingiere y él se abre dentro con todas sus novedades”.

Elias Canetti
Apuntes (1942-1993)


“Sin aspavientos, sin ¡Oh! ¡oh! Ni ¡Ah! ¡ah!; ‘máquina para leer’, exactamente.
Se trata de algo muy sencillo. Cogéis un periódico, lo ponéis en una bandeja que tiene la máquina, y la máquina se enfrasca en la lectura del periódico. ¡Es admirable! Las máquinas de escribir son otra cosa, pues, por lo menos, hace falta, como condición previa, saber escribir. Pero las máquinas para leer son mucho más cómodas. Aunque no sepáis leer –y no soy muy optimista a este respecto– la máquina leerá.
Será suficiente hacer la simple operación de depositar el periódico en la bandeja esa. Como si pusieseis un lenguado en el horno. O como si depositaseis una carta en un buzón. Solo que con la doble ventaja de que el periódico no se chamuscará, como el lenguado; ni se perderá, como la carta.
Por fin los que escribimos tendremos la seguridad de que alguien nos lee, aunque ese alguien sea una máquina. Una tremenda duda nos incomoda. Tropezábamos con un amigo y el amigo se creía en la obligación de decirnos: ‘está muy bien tu artículo de hoy. Sólo lo leí hasta la mitad. Falta el tiempo. Pero está muy bien. El tema es muy atractivo: las leyes de Indias…”. Hasta que le dábamos las gracias y le aclarábamos que no fue hoy, sino ayer, cuando habíamos publicado un artículo, y agregábamos aún que no trataba de las leyes de Indias, asunto sobre el cual nada sabemos, sino que trataba de la inflación monetaria de 1928, asunto sobre el cual nada sabemos tampoco.
Pero nuestro amigo se va tan campante, sin que nuestras observaciones le hayan interesado lo más mínimo; pues él, lo que hizo al vernos, fue cumplir con lo que consideró un deber. Deber ridículo, realmente, ya que no hay deber ninguno por ninguna parte. Nadie tiene que decirnos nada sobre nuestros artículos, de la misma maner que nosotros, los que escribimos, para nada molestamos a nuestros conocidos que no escriben con cosas como éstas:
–¿Qué hay, doctor? Ya me enteré de que hizo usted una operación de estómago encantadora.
[…] La máquina para leer es el anuncio de que al fin la máquina servirá para algo. Uno podrá afeitarse tranquilamente, desayunarse con comodidad. Entre tanto, la máquina se tragará el periódico de cabo a rabo.
[…] Un periódico presumirá de tener suscritos a tantos miles y miles de máquinas de tales y cuales marcas. Un escritor se enorgullecerá de que sus artículos han sido leídos hasta por una máquina que apareció abandonada en un iceberg de la Tierra del Fuego.
Ya no tendrá mérito ninguno ser lector, pues millones de máquinas lo serán. Ni tendrá tampoco ningún mérito no serlo, pues millones de hombres no lo serán.
Otra gran ventaja de esas máquinas es que protegerán la vida humana. Ya ningún escritor le pondrá el revólver en el pecho a ningún presunto lector:
–¡O me lee usted, o lo mato!”.

Eugenio Granell
“Dos mundos distintos”
La Nación, Santo Domingo, 2 de junio de 1945



Plumas y pullas (XCVIII)




“Ningún poema puede ser la verdadera imagen de nuestro mundo. La verdadera, la aterradora imagen de nuestro mundo  es el periódico”.

Elias Canetti
Apuntes (1942-1993)



“Para mí, los poetas tienen solamente dos posibilidades de intervención: escribir ensayos y cartas a los periódicos o, si eso no resulta, coger la metralleta".



 

Plumas y pullas (XCVII)




“En el público de los lectores de periódicos se ha mantenido viva una masa de acoso moderada, tanto más irresponsable cuanto más alejada de los acontecimientos; estaríamos tentados de decir que es su forma más despreciable y al mismo tiempo más estable. Como ni siquiera necesita congregarse, incluso logra evitar su desintegración, y su entrenamiento está asegurado por la cotidiana aparición del periódico”.
Elias Canetti
Masa y poder


Plumas y pullas (XCVI)





“Sin la menor duda, lo que más odio en este mundo es un periódico, pero no como Karl Kraus. No por las erratas, sino por la oferta y la miseria como vecinas”.
 
Elias Canetti
Apuntes (1942-1993)

Fotografía de Alfred Eisenstaedt (1942). Las paredes de la miseria, empapeladas por la oferta.

Plumas y pullas (XCV)




“Circe, que metamorfosea a los hombres en periódicos”.

 “Él es sagaz como un periódico. Lo sabe todo. Lo que sabe cambia cada día”.

“El que lee poco pronto parece un periódico”.

“Él se pasa dos días a la semana sin periódicos, y hete aquí que todo sigue como ahora”.

“Marchitado por el periódico de cada día”.

“Periódicos, para olvidar el día anterior”.

“En el periódico está todo. Sólo hay que leerlo con suficiente odio”.

 “El éxito es el espacio que uno ocupa en el periódico. El éxito es la desvergüenza de un día”.

“Ponerse en manos de los periódicos; evitarlos. Flujo y reflujo de la inseguridad”.

“Lee todos los periódicos y produce con ellos un embutido medio fácilmente digestible”.

“Di tus cosas personales, dilas, es lo único que importa, no te avergüences,  las generales están en el periódico”.

“El profesor no lee hoy periódicos. Los periódicos le interesan sólo después de cien años”.

Elias Canetti
Apuntes (1942-1993)



Plumas y pullas (XCIV)




“Leer los periódicos es llegar a la convicción de que sólo lo ilegible sucede”.


"La diferencia entre literatura y periodismo es que el periodismo es ilegible y la literatura no es leída."

 Oscar Wilde


Fotografía: La afición del periodismo por los jeroglíficos, solo comparable a la de los egiptólogos, desborda la sección de pasatiempos.

Plumas y pullas (XCIII)





“En España no hay trabajo para tantos periodistas”.



“Cuanto más periodistas haya, mejor. El día en que todos seamos periodistas, el día en que la humanidad entera se dedique a escribir en los periódicos, el día en que no quede bicho viviente que no esté entregado a la tarea cotidiana y absorbente del diarismo, ese día, sépase bien, ese día será el día del auténtico albor de la felicidad sobre la tierra. Pues mientras se escribe no se puede hacer la guerra, ni la revolución, ni cometer asesinatos”.

Eugenio Granell
“El banquete de los periodistas”
La Nación, Santo Domingo, 3 de febrero de 1945



Plumas y pullas (XCII)




“Hace tiempo que acepté que la ignorancia y el cinismo se habían apoderado de los medios de comunicación. Que gerentes sin escrúpulos a los que les da lo mismo dos que veintidós dirigen los principales medios de comunicación, plegados a las exigencias de unos dueños que quieren ganar o manipular más cada día. Hace tiempo que asumí que los jóvenes periodistas están preocupados por la supervivencia laboral y deben aceptar las escabrosas leyes de un mercado que carece de compasión”.


“Guerras, mentiras y juegos de vídeo”


“Todos nosotros sabemos muy bien que los periódicos irán más lejos que los reyes en lo que a ingratitud se refiere, más lejos que el más sucio negocio especulativo y abusivo, y que consumirán nuestras inteligencias vendiendo un tercio de nuestra materia gris; pero todos nosotros escribiremos en ellos como esos mineros que explotan una mina de plata, a sabiendas de que morirán en ella. Aquí tenéis, junto a Coralie, a un muchacho…, ¿cómo se llama? ¡Lucien! Es bien parecido, poeta y, lo más valioso para él, lleno de talento. Pues bien, entrará en uno de esos prostíbulos del pensamiento llamados periódicos, a los que consagrará sus mejores ideas y secará así su cerebro, corromperá su alma y cometerá esas bajezas anónimas que en la guerra de las ideas hacen las veces de estratagemas, saqueos, incendios y cambios de bando en las guerras de los condottieri. Una vez que él, como otros mil, haya utilizado una gran parte de su talento en beneficio de los accionistas, estos vendedores de veneno le dejarán morirse de hambre si tiene sed, o de sed si tiene hambre”.

Honoré de Balzac
Las ilusiones perdidas

Las bobinas de las prensas (en la imagen, vista en sección de una rotativa Marinoni), tecnología industrial para el estrujamiento de periodistas.

Plumas y pullas (XCI)





“El periodismo, en vez de ser una especie de sacerdocio, se ha convertido en un medio en manos de los partidos; de medio ha pasado a ser un negocio; y como todos los negocios, no tiene ni credo ni ley. Todo periódico es […] una tienda en la que se venden al público palabras del color que éste quiere. Si existiera un periódico para jorobados, probarían mañana y tarde la belleza, la bondad y la necesidad de los jorobados. Un periódico no está hecho para ilustrar, sino para halagar las opiniones. Por ello, dentro de un tiempo, todos los periódicos serán viles, hipócritas, infames, mentirosos, asesinos; matarán las ideas, las filosofías y a los hombres, y florecerán por eso mismo. Disfrutarán del privilegio de todo organismo colectivo: se hará el mal sin que nadie sea responsable de ello”.

Honoré de Balzac
Las ilusiones perdidas
 

“[…] nuestra ‘industria’ no es como otra cualquiera, sino empresa desinteresada e improductiva, donde la propaganda de ideas lo es todo y los provechos personales nulos. Dejara la prensa obrera de rendir culto exclusivo y honrado a las doctrinas que sustenta, y dedicárase a la explotación del suceso escandaloso, a la adulación de los poderosos y al reclamo mercantil, y entonces se confundiría en esa industria periodística que hace de la prensa burguesa inmunda cortesana que vende sus favores al político aventurero, al bandido agiotista y al truhán afortunado”.

El Socialista
21 de agosto de 1888


“[…] pero dígaseme: ¿no apena ver al capitalismo en contacto con la vida intelectual? ¿No conduele ver al periódico, esta gran conquista de la civilización moderna, dependiente, no de los lectores, no de los consumidores de la mercancía, no tampoco de nosotros los productores, y sí en manos de los grandes negociantes de la publicidad, de los gobernantes y políticos? El periódico ¿no evolucionará? ¿Estará destinado a ser, en su mercantilismo presente, la forma más elevada y la última palabra del servicio de la información? Si esto nos tiene deparado la Providencia, cerremos los ojos para no verlo”.

Edmundo González-Blanco
Historia del periodismo. Desde sus comienzos hasta nuestra época
(1919)


“[…] es frecuente escuchar críticas en el sentido de la inmoralidad, o poco menos, de quienes se dedican a comerciar con la información, y es fácil detectar las protestas que se alzan porque ésta se haya convertido en una mercancía. Una mercancía, en la economía  desarrollada capitalista, lo es todo, empezando por las necesidades primarias del hombre: alimentación, vivienda y vestido, educación y salud. Mercancía son también, en nuestra organización social el trabajo, el dinero –al margen de su consideración como instrumento de cambio–, el arte, la poesía y la religión. ¿Por qué debería sentirse avergonzado el mundo de la prensa y los medios de comunicación por dedicarse al lucro? […]
Una garantía de independencia la constituye, de forma relevante, la rentabilidad de la propia empresa. […] Eso es algo tradicionalmente mal comprendido por muchos periodistas, afincados en la versión romántica, casi bohemia, de la profesión y que piensan que la pobeza es condición inalienable de la libertad, quizá como reacción a la infamia de quienes suponen que ésta resulta, sobre todo, muy cara, pues tienen una fe ciega en la capacidad del dinero para comprarlo o corromperlo todo”.

Juan Luis Cebrián
El pianista en el burdel


“[…] en cuanto el objetivo sea financiero y no periodístico el periódico decae y se cae. En cuanto se empieza a destruir el contenido periodístico del diario no hay la más mínima posibilidad de éxito. Imagínese: se compra una orquesta, y lo primero que hace es deshacerse de los violonchelos, total, para lo que sirven; y después se deshace de los timbales... ¡Y luego te pones a tocar a Beethoven y no te sale! Beethoven no suena del mismo modo sin los timbales o sin los violonchelos, de igual manera que un periódico no suena a periódico cuando ha perdido a su equipo internacional o a sus corresponsales”.

Harold Evans



 

Plumas y pullas (XC)



“Al leer los periódicos en el hall de los hoteles sospechamos que alguien les ha robado la noticia más interesante”.

Ramón Gómez de la Serna


Fotografía de Louis Forsdale. Marshall McLuhan leyendo un periódico (1972). 
La ficha del archivo canadiense que conserva la foto no precisa que fuese tomada en el vestíbulo de un hotel, pero tampoco lo descarta: "Place of creation. No place, unknown, or undetermined". 

Plumas y pullas (LXXXIX)




“Cuando la señora Woltersheim le leyó [al abogado Blorna] por teléfono el artículo del PERIÓDICO DEL DOMINGO no se fió –como suele decirse– de sus sentidos (en este caso de un sentido concreto: el oído), y se hizo leer otra vez el texto. Luego, estalló. Gritó, buscó en la cocina una botella vacía, la encontró y corrió con ella al garaje, donde, para su suerte, encontró a su mujer, quien le impidió confeccionar un auténtico cóctel Molotov, que se proponía arrojar a la redacción del PERIÓDICO […]. Conviene reflexionar sobre el asunto: un hombre de cuarenta y dos años, con formación académica, que desde hacía siete años contaba con el respeto de Lüding y de Sträubleder por su manera clara y realista de conducir las negociaciones a nivel internacional en el Brasil, en la Arabia Saudí, en Irlanda del Norte; o sea, que de ningún modo se trataba de un provinciano, sino de un hombre absolutamente cosmopolita. Pues bien: esta persona era la que se proponía confeccionar un cóctel Molotov”.

Heinrich Böll
El honor perdido de Katharina Blum.
O cómo surge la violencia y adónde puede conducir


Fotografía de Margaret Bourke-White (1946): Mahatma Gandhi sometiendo sus convicciones pacifistas a la prueba más comprometida, la lectura de la prensa.